Música por lo alto 1
En el chequeo médico de rigor me revela el doctor que estoy al límite de un alto colesterol. Se enciende los parlantes de la clínica y comienza a sonar durísimo Fito Olivares, sobre todo aquella partecita que dice: “quieres que te guise un chicharrón, un pedazo de jamón o prefieres pollo frito mi amorcito”. Miro perdido al cielorraso y se me acelera el corazoncito. Lo peor es que no como nada de eso, ni casi carne roja, los kilos de más aún no son algo de que preocuparse —salvo por la puta apariencia- y hago ejercicio. Me explica el doctor que mis “taxis de colesterol bueno”, llevan cada uno “seis pasajeros de colesterol malo”, no es preocupante realmente, pero si me para un tráfico de fijo me hace parte. Hijo de tigre sale con el colesterol alto y esto de crecer hace que a uno le salgan a flote todos los defectos genéticos. Los batidos que le hace mi madre de pepino con apio no le han hecho ni pío, y ahí está mi padre, mejor que cualquiera la verdad, más pequeñillo de lo que ya era, pero mejor que cualquiera. Así debe ser maravilloso estar viejo, con colesterol pero feliz, sobre todo muy amado, por sobre todo por la amante, que dice y en este caso le creo que sigue siendo mi madre, que parece una gorrioncita que melancolía, como la canción. Ya he contado de alguna forma esta historia, quizás muchas veces, pero me parece tan bonito y por eso ni pido disculpas por mis tonterías, menos hoy, cuando la música es lo único que realmente me importa.





