Dos años después: masacre en Embajada de Chile 7

Hoy se cumplen dos años de la tragedia ocurrida en la Embajada de Chile en nuestro país y resulta alarmante conocer nuevos indicios referentes al caso. Según recientes investigaciones, dos de las tres personas muertas pudieron ser atendidas y trasladadas a un hospital si la policía costarricense hubiera actuado con determinación y eficacia.
Aquel trágico 27 de julio, el guarda civil Orlando Jiménez, encargado de cuidar la sede diplomática, ingresó a matar en un estado aún incomprensible. Los proyectiles de su arma alcanzaron a Rocío Sariego, Christian Yuseff y Roberto Nieto.
Las causas que motivaron a Jiménez son desconocidas y aunque se dijo que el policía sufría maltrato de parte de los diplomáticos y que esto motivó su conducta, no hay pruebas que fueran ciertas respecto a esto y parece ser que la explicación ha sido una simple artimaña para desviar la atención.
Según el tanatólogo Luis Ravanal Zepeda; médico de gran prestigio por su trabajo en el análisis de asesinatos durante la dictadura de Augusto Pinochet; tanto Sariego como el cónsul Yuseff habrían muerto entre dos horas y media a cinco horas después de ser heridos. Roberto Nieto habría sido el único en morir de forma instantánea.
Por su parte el policía Jiménez se habría disparado en su barbilla 11 minutos después de haber hecho los otros disparos; de tal forma que quedó imposibilitado de ocasionar más heridas. El guarda no tomó rehenes como dijeron las autoridades policiales en aquel momento y la justificación de estas, para entrar seis horas después de las detonaciones, fue solo eso, una justificación.
Esto se confirma con las declaraciones de Leonardo Banda uno de las personas que se encontraba dentro del recinto y que se escondió con otros cuatro compañeros en su oficina.
Banda mantuvo comunicación directa con policías, con el Embajador Chileno en Costa Rica, Guillermo Yunge y hasta con reporteros que en falta ética periodística se hacían pasar como agentes policiales; a todos ellos les informó reiteradamente sobre el estado y heridas de Jiménez.
No más que decir que esto es una triste historia que ahora inquieta en respuesta lógica a un silencio impuesto durante estos dos años. ¿Fue el policía Orlando Jiménez el único en equivocarse?




