Tipos de gente 6

Este fin de semana me escapé a San Carlos, todo con el fin de huir de San José. Esta capital es asfixiante y no quiero sonar a ermitaño wannabe, porque me encanta también la asfixia que siento aquí; es otra forma de relajarme.
A ver, lo mejor es que siempre que salgo, me topo gente con la quiero toparme, gente que es como es. De esas hay en todos lados, claro está, pero esa autenticidad casi como reliquia, sin que por ello sea vieja, acá por lo menos yo no veo con frecuencia.
Un australiano amigo de los maes que iban con nosotros, de hecho se me acercó y me dijo que le encantaba que la gente de la zona le gustara compartir. Todo porque alguien le cedió una cuerda para que se tirara en clavado a un río. De un hecho tan sencillo, una linda apreciación, que un espacio urbano, no creo que se pueda hacer: uno por que no hay ríos, dos porque de nada sirve una cuerda para hacer clavados si no hay ríos y tres porque ustedes saben a qué me refiero.
Estando en casa de mi madre, que también vive fuera de Chepe, entra una llamada suya desde un celular desconocido, con la intención de que la fueran a traer por la cantidad de lluvia. Mi primera pregunta es: ¿pero de dónde me está llamando? Ella me responde: un muchacho todo lindo acá en el supermercado me prestó el teléfono. Cosa más rara en la vida que esas cosas son poco comunes en las ciudades, o me equivoco. Porque creo que uno le presta el phone a una señora y lo primero que piensa es que va a salir en patineta con el teléfono y la dignidad de uno por idiota de haberselo prestado.
Y no me quiero poner melancólico, ni nada por el estilo, pero si hace falta, aunque sea un poquito, salir de este ciudad en total desperdicio.




