¡Se cayó el sistema! 9

Quien no haya escuchado esta frase, en su vida obran milagros. Creo que todos somos testigos del “¡se cayó el sistema!”. El reciente domingo, agravante que fuera domingo, me presento en la sucursal del Banco Nacional en Mall San Pedro para realizar un trámite de carácter urgente y exclusivo de la entidad. Llegué a la 1 p.m. y me fui a las 3 p.m. El atraso: ¡el sistema! El anuncio le es comunicado a los clientes minutos después de abrir las puertas del Banco, quienes salen con cara de lástima, enojo o indignación; yo experimentando estos mismos sentimientos tomo una decisión tonta pero pensada: quedarme dentro del banco hasta que vuelva el sistema. Me armo de paciencia y me siento en una sillita. Soy el único que acompaña a los empleados en su recreo laboral. Con detenimiento sigo las acciones de los empleados y sobre todo del Gerente o empleado en Jefe, quien realiza una llamada −posiblemente− al encargado informático. Después de esta llamada desfilan los empleados del Banco a comprar sus almuerzos y deliciosas ensaladas de frutas para la reunión en el salón trasero de la oficina del Jefe. Hay muchas risas, hay gran participación del grupo, por un momento pienso que es un buen trabajo. Y conste que abogo por las buenas condiciones laborales. Durante estas dos horas de espera, contraria a mi actitud normal de ponerme histérico, no pregunto y respiro profundo. Decenas de clientes se acercan a la puerta para solicitar los servicios, ante lo cual el guarda de seguridad atina con una respuesta ensayada: “¡se cayó el sistema, nos informan que es todo el territorio nacional y podríamos durar de dos horas hasta quién sabe cuánto, un día en noviembre pasado, duramos 5 horas sin servicio!”. Pobre yo si eran 5 horas de penumbra informática en el sistema bancario del Nacional. Un cliente se atreve a preguntar por qué yo estoy dentro del Banco, el guarda le dice que es que estoy a la mitad de un trámite, es ágil el guarda hasta ese momento. Otra clienta se acerca y dice que recién llama a la central telefónica y le informan que no hay reportado ningún fallo del sistema en las sucursales abiertas. Wow. El muchacho de la joyería del frente, así se presentó ante el guarda, de camisa blanca, llega a preguntar por fulanito de tal, ante lo cual el guarda de seguridad alza un poco la voz para anunciarlo y uno de los empleados le dice que lo deje pasar. Yo caigo en cruz cuando el joyero muestra una pistola entre la pretina de su jeans, sí un arma de fuego, y el oficial ni se percata y le deja pasar, pienso y ruego al cielo que ojalá no sea un sicótico, porque si no estoy frito, tras de esperar por un servicio bancario tanto rato sin mucho sentido, es posible y latente que una bala se pierda. Mierda. A las 3 p.m. dos horas después de la espera, el empleado en Jefe se le ocurre salir y llamar de nuevo al posible informático, quien al otro lado del auricular le dice algo que yo imagino es como esto: “hace rato solucionamos el error, ya debería estar entrando el sistema”. Me llaman a mí, el primer cliente en atender después del “error del milenio”, dos horas después y ¡júas! el sistema, mi trámite y todo está listo en menos de dos minutos, sorpresa.
Ahora: ¿hay planes de contingencia para solventar estos problemas?, ¿si existen porqué no se aplicaron?, ¿quién da seguimiento a este tipo de acciones?, ¿si le mando a la Controlaría de Servicios del banco mi queja, qué efecto tiene, qué se soluciona?, ¿y si se cae el sistema todo el día cierran el banco?, ¿y los usarios?, ¿a quién le importa? Diantres, esto es pan de todos los días ¿verdad?


