Soñar mi muerte, soñar mi parto 11

Mi vida no tendría sentido sin la poesía. La poesía que no sé escribir, pero que intento vivir de diario. Mi interés por el detalle, por esa poesía, no es más que un interés por algo que podría ser un sueño. La soledad es poesía en sí misma. La compañía lo es igual. La soledad, que no es lo mismo que estar solo, que no es lo mismo que estar ausente; es un estado de inmensa agonía, un estado de transición hacia algo que nace. Para vivir hay que morirse siempre. Morirse en los brazos. Morirse en la boca. Morirse intentando. Hay que morirse para sentirse. Suicidio conciente. La compañía, que no es lo mismo que estar con alguien, que no es lo mismo que estar de frente; es un estado de inmensa agonía, un estado de transición hacia algo que nace. A mí que me destrocen la mano, me coman la boca, me arranquen el pelo. Que se me caigan las lagrimas en litros, que se me arrugue la cara, que se me incruste el recuerdo. A mí, que aunque a veces me canso, se me propine la mejor muerte, en soledad o en compañía, pero siempre, sin duda siempre, se me permita nacer, simplemente soñando.


