Marcha por la vida… mitin político 8
La “Marcha por la Vida y la Familia” que sucedió este 28 de noviembre con poquísima asistencia y mucho dinero gastado, resultó ser un mitin político. Recibí mensajes impresos como éste y éste y no así de la candidata del oficialismo, que según su cuenta en Twitter se encontraba en la marcha. Nadie presente pudo confirmar su participación.
Los organizadores utilizaron hasta los pulpitos como eco de un mensaje que sin duda resulta otro abuso de fe. Oprobioso engaño resumido en tres razones. En primer lugar porque ninguna vida ni familia se quiere o se defiende con verdades únicas y excluyentes, no hay tal cosa como verdad única. En segundo lugar porque ninguna vida o familia se debe enfrentar a oprobiosas expresiones de odio, como las de este señor que gritaba mensajes espantosos contra los homosexuales y quien tuvo la osadía de agredirme cuando le solicité respeto. Con su mano tocó mi rostro con tan detestable mano y me dio putazo y etiqueta de “playo de mierda”. Yo solo pregunto: ¿dónde andaría su dios? Y pensaba que ojalá, es decir, quiera Alá, quiera dios, no tenga un hijo o una hija homosexual, porque de seguro su herencia será infelicidad. Y en tercer lugar, porque poco tiene que ver la fe y la política, son dos cosas de absoluta y distinta naturaleza. Esta marcha fue una patraña.
La marcha por la igualdad tuvo mejor suceso, fue convocada como respuesta a tal fundamentalismo disfrazado de bondad, aglutinó a un pequeño y diverso grupo de personas, pero con mayor claridad sobre asuntos como despenalización del aborto (ilegal en Costa Rica aún en casos de violencia sexual o malformaciones embrionarias) y el trámite urgente en el Congreso del proyecto de sociedades de convivencia, con el cual las personas que conviven con personas de su mismo sexo recibirían un trato legal igualitario. Su voz se hizo escuchar, su presencia era necesaria en un lugar donde lo que hace falta es más sensibilidad, educación y diálogo sincero. ¡Enhorabuena!
No todo está perdido, ocupamos más gente que con buenas razones se ofrezca primero así mismo y luego a los demás con todo corazón. Ahí es donde habita la divinidad y la paz, en el respeto propio y del resto, sin que esto pretenda sugerir una nueva división y por el contrario, en suma, solamente humanidad.

