Seguridad y solidaridad

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Es cierto que algo pasa en nuestro país, que hemos cambiado, que nuestra sociedad ya no es la misma, que la violencia es más violenta, que los robos se perpetran con homicidios de por medio, que hay inseguridad, que no es la misma inseguridad que la de otros países, que conocemos poco nuestros entornos, y que tenemos miedo duplicado, sobre todo los que no están o no estamos en ese grupo de los llamados “excluidos” (los que podemos pagar nuestras comidas, sacar plata del cajero o pagar con Credomatic, comprarnos el cel, la compu, ir a la fiesta en la Cali -los más recatados- o terminar en Living aplicando el dress code).

Para algunos, son la solución urgente un Patriot Act como la proclamada por Bush luego de los ataques del 11-S o acciones en dicha línea (intervengamos llamadas y comunicaciones, entrevistemos sin abogado, me paso el hábeas corpus por el trasero, matemos a los maleantes, penas extremas, todos a la cárcel, todos sospechosos, cero tolerancia, más y más policías).

Hay un problema claro en nuestra estructura. La noticia que dice que entre el 2006 y el 2007, el número de delitos cometidos por menores de edad reportados en el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), subió un 145% me impresionó. O sea, es claro que tenemos un problema, habrá que ser tonto para no verlo. Pero es también real que nuestra percepción acerca de ese problema tiene trauma: insisto en preguntar en el por qué los ciudadanos de Bogotá, una de los sitios más inseguros del mundo, se sienten más seguros en relación comparativa con los ticos. Y me pregunto si hemos perdido nuestra razón de humanidad para no preguntarnos quiénes son estos muchachos, de dónde vienen, cómo crecieron, y el largo etcétera que requiere un análisis guapo, un abordaje de humano a humano.

Este es un tema que cansa. Creo que esta es la última vez que me referiré a la seguridad en nuestro país, porque siento que tengo tan poco eco cuando hablo al respecto. Me han dicho que sueno al Dalai, cuando de forma evidente ni me le acerco al tobillo ¡vaya calificativo! Mi opinión se vacía de contenido porque propongo cuestiones urgentes, creídas como imposibles, porque estamos poco acostumbrados a tener un Estado que funcione, un gobierno que haga y una sociedad que actúe.

Hoy por cuestiones del destino surgió la idea de trabajar con muchachos de una comunidad josefina en específico, y la propuesta inicial es buscar gente que quiera involucrarse, les estaré contando cuando tengamos más detalles, pero si a alguien le suena desde ya, pues dejeme un mensajito por acá y agregue su mail, creo que podríamos lograr algo. Así como sonando a político sin serlo, pero hablando muy en serio: ante tanta arma tirada en la calle, lo que nunca debería morir es la solidaridad.

Por acá dejo varios apuntes de fondo, que desde mi perspectiva podrían servir también como una solución desde lo macro.

Otras propuestas

En temas sociales creo necesario varias cosas: una es el trabajo directo con comunidades marginales (actividades culturales, deportivas y educativas); lo otro son penas adecuadas al tipo de crimen (en algunos casos trabajo social sería lo ideal); el trabajo como opción para los reos (o sea, que hagan actividades productivas dentro de la cárcel y aprendan un oficio para su desarrollo futuro es necesario al máximo); y por último en el área, atención siquiátrica o sicológica inmediata para las víctimas y familiares de crímenes, que posibiliten atenuar las consecuencias que de forma lógica genera una acción violenta en contra de cualquier ser humano.

Lo segundo es educativo, las familias (entendidas como se quiera; deberían propiciar un ambiente de resolución de conflictos adecuado: el defiéndase a “pichazos” dicho por el tata al carajillo nunca va a funcionar ¡basta ya del macho man!). Y un adecuado programa integral en las escuelas que promueva actividades de solidaridad, integración y resolución de conflictos es urgente. Claro está, que reducir a cero la deserción escolar es otro reto ineludible que hay que entrarle con decisión.

En el ámbito propiamente de seguridad, necesitamos una reforma absoluta de la policía, que reciba también una formación humanista y de respeto, por más que alguien violente el derecho de otro no se le puede aplicar la ley de la calle. ¿Alguien le ha preguntado a un policía una dirección de algún lugar x a uno de nuestros policías? ¿Alguien ha tenido que lidiar con el ego autoritario de los policías (fuerza pública y tránsito, o los mismos guardas privados)? El nombramiento urgente de un experto en materia de seguridad es otro imperativo, porque a toda costa se debería rechazar el nombramiento con interés político de la cartera ministerial, tal como está sucediendo en la actualidad.

En materia judicial y al mediano plazo necesitamos reevaluar nuestro sistema, que peca por permitir la impunidad y por sobre todo a los más corruptos y terribles que yo digo no matan con pistola. A los otros que si llevan armas, pues hacer un mejor control de las mismas, endurecer las medidas de control en aduanas, su venta regulada y la revisión del estatus de los portadores autorizados. Con el narco, pues legalizar drogas como la marihuana y regular su venta, para no malgastar el tiempo y dinero en solo “control” si no en prevención. Investigación real y desmantelamiento de bandas organizadas, sicariato y otros delitos de esta naturaleza.

Foto: Quino para los Amigos

2 Comentarios

  1. Sergio on September 30th, 2008
  2. [...] medios han abusado en la cantidad de sucesos en sus pauta de noticias, con el rating en la mira, la discusión de que la inseguridad “es una percpeción”, no se la cree nadie. Pero el Presidente si [...]

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